la educación es diálogo

Paulo Freire dijo:
La verdadera educación es diálogo,
diálogo que no se da en el vacío sino en situaciones concretas de orden social, económico, político.

12.9.26

 

Gladys Lopreto

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, la IA y la ‘lecto facilior’

 

En esta época de siglas, de la incorporación de términos como down, tokens, de algoritmos y otros usos por el estilo, no viene mal recuperar el antiguo latinismo con el que se designaban ciertos errores que cometían los copistas. Antes de la invención de la imprenta en el siglo XV la tarea concreta de escribir era competencia de los monjes, para quienes ser ‘copista’ constituía uno de los caminos a la virtud. Claro que esa copia manuscrita de un libro, hoja por hoja, si bien era una forma de ganarse el cielo al mismo tiempo aumentaba la posibilidad de errores, que siglos más tarde se convertirían en indicios para el estudio de las lenguas, los géneros, los hechos culturales. Uno de esos errores proviene de lo que se denomina en filología con el latinismo lecto facilior (lectura fácil, facilismo): consiste en el error de lectura de una palabra del texto a copiar, por similitud de grafía o pronunciación entre palabras o por una mayor frecuencia, que se reproduce en las copias que le siguen y así pueden terminar siendo factores de cambio.

Aunque en menor cantidad, podemos encontrar ese tipo de error siglos después, incluso en la actualidad. De hecho, lo cometí con uno de mis cuentos preferidos: me refiero a “La prodigiosa tarde de Baltazar” de Gabriel García Márquez, que yo recordaba como “La prodigiosa jaula de Baltazar”, justificable pues ese objeto ocupa el centro del relato, pero extrañamente encontré el mismo error donde uno esperaría precisión: me refiero a la IA. Me quedó la duda: ¿se había equivocado la IA o estaba leyendo mi pensamiento? Porque yo no la había llamado sino que simplemente, como no tenía en ese momento el libro a mi alcance, para releer el cuento acudí al celular con la esperanza de encontrarlo allí.

En principio no apareció el texto escrito por su autor, en cambio desde el aparatito me lo contaba la IA. Como si estuviera ahí, esperándome. Y me pasó algo extraño: no recuerdo si la oí o lo leí, más bien me pareció que me hablaba con una voz de varón agradable, amistosa y rioplatense, ya que usaba el voseo y otros rasgos típicos.  Mi primera sorpresa fue que lo titulaba igual que yo: “La prodigiosa jaula…”.

 Además no lo leía: me contaba el cuento. Yo en cambio quería leer el texto. Debo confesar que su actitud un poco me molestó, lo que al mismo tiempo me hizo sentir un poco de temor a que la IA se enojara conmigo y entonces traté de racionalizar la situación pensando que los animales, incluidos los humanos, tenemos una inteligencia que –permítanme el neologismo- podríamos llamar IN porque nace con nosotros, ya viene incluida, es Natural, como los pulmones que se llenan de aire y mandan Oxígeno, ese combustible que pone en marcha el motor, así como las neuronas y los axones dirigen la marcha y todo gratis. Pues bien: hubo quienes usando esa IN hoy crearon la IA, que potencia al infinito la IN, solo que no es gratis como esta última: fue creada e instrumentada, según me informé, por una veintena de empresas distintas. Como no quiero quedar mal con ninguna, no sea que me dejen de dar sus servicios, me limito a las siglas que las abarcan por igual, esto es: IA.

El error en el título del cuento se justifica ya que ese objeto, la jaula, ocupa el centro del relato, aunque el autor haya preferido hablar de ‘la tarde’, de sentido temporal, más acorde al contenido, ya que se trata del día más feliz en la vida del personaje. Mi primer sorpresa fue que, tal como yo denominaba al cuento, la IA repetía mi error, ya que lo titulaba “La prodigiosa jaula…”. Además no transcribía el cuento sino que lo contaba y lo comentaba a su manera. Si bien eso me molestó al principio, decidí aceptarlo y continuar.

 Lo que siguió fue una especie de diálogo, cuya copia conservo, entre la IA y yo, con rasgos de oralidad pero realizado a través de la escritura, en el que la IA me informa sobre el cuento. Lo primero que me dice es que “La prodigiosa jaula de Baltazar”, tal como yo se lo había pedido, pertenece al libro titulado “Los funerales de la Mamá Grande”, publicado en 1962 por Gabriel García Márquez. Esta es la única vez que menciona el nombre completo del autor, luego lo llamará simplemente Gabo. Una vez identificado el cuento me informa sobre su contenido, empezando por el personaje: Baltazar, carpintero de un pueblo de la costa, al que describe como un hombre joven, callado y serio, que tiene la obsesión de hacer jaulas (así necesita describirlo la IA, la descripción no es de García Márquez). Tras la breve presentación pasa a los hechos: Baltazar empieza un día a construir la jaula más prodigiosa que se haya visto. Tarda meses. Es enorme, de madera fina, con cúpulas, torres, pasadizos: una obra de arte. Todo el pueblo acude a verla. Hasta ahí puede decirse que coinciden ambos relatos (el del escritor y el de la IA) en la descripción del objeto, la satisfacción del artista tras la concreción de su obra, confirmada por la admiración de la gente pero que, visto desde el mercado, va a culminar paradójicamente en un aparente “fracaso”.

En efecto, cualquiera diría que Baltazar pierde todo: tiempo, dinero y hasta los zapatos.  ¿Dónde está entonces la ‘prodigiosa’ tarde? Para responder, agrega la IA por su cuenta que la jaula es tan perfecta que ni siquiera tiene dueño (sic), ya que Baltazar la había hecho solo por el gusto de hacerla, de modo que, cuando la termina, no sabe qué hacer, la ve tan bella que no quiere meterle pájaros que la arruinarían, no quiere venderla. 

A diferencia de lo relatado por IA, si acudimos al texto de García Márquez nos enteramos de que Baltazar sí sabía qué hacer con la jaula: era para un niño, casi adolescente, que se la había encargado para alojar allí unos pájaros pequeños de hermosísimo canto: los turpiales. Y mientras leemos en el cuento que Baltazar dialoga con su mujer sobre cuánto le pediría por la jaula al Chepe Montiel, el hombre más rico del pueblo, padre de ese niño, y coinciden en un precio más bien alto, la IA nos sorprende con algo totalmente distinto y fuera de contexto que no aparece para nada en el relato de García Márquez: el hecho de que llega un circo al pueblo, Baltazar se enamora de la trapecista y, cuando el circo se va, decide irse con ella y así lo hace, pero antes le regala al cura la jaula, vacía, que termina pudriéndose bajo la lluvia. Así cierra el argumento la IA y como para darle visos de ‘análisis literario’ le señala cuatro temas (discutibles, incluso equivocados) que serían la clave del cuento: la soledad de Baltazar, la destrucción del objeto, el amor prohibido y, como consecuencia de todo, el abandono de su obra por el autor.

A todo eso agrega una explicación que justificaría los temas señalados: ‘Gabo decía que este cuento lo escribió pensando en todos los artistas que hacen cosas bellas sin saber para quién’. Todo lo contrario, Baltazar sabía bien para quién lo hacía y eso está explicado detalladamente en el cuento.  Por eso tal vez la diferencia del título: mientras la IA llama al cuento “La prodigiosa jaula…”, donde todo está contenido en el objeto, GGM lo llamó en cambio “La prodigiosa tarde…”, lo que habla de un transcurrir, de un pedazo de vida que Baltazar comparte con otros personajes: su mujer, el médico, el niño, los amigos, quienes además del placer frente a la creación le hacen sentir la felicidad de que su obra trascienda.

Sin dudarlo le observé a la IA el error en su relato, que contradecía totalmente el sentido del cuento. Lo reconoció y me contestó, textualmente: -Tenés toda la razón. Me equivoqué feo y eso cambia completamente el sentido del cuento. Gracias por marcarlo.

Pero aceptada mi corrección, se le crea entonces la necesidad de otra explicación, que es la siguiente: la IA presenta a Baltazar como un carpintero solitario que se obsesiona durante meses haciendo una jaula gigantesca y hermosísima. Baltazar  la ve tan linda que ya no la quiere vender, la quiere para él, así que la pone en su patio y se sienta a mirarla y, mientras vienen compradores de todos lados: el alcalde, el obispo, gente rica, él se niega. Al final, para que dejen de molestarlo, decide encerrar allí ciertos pájaros: no los comunes sino, cuando lleguen, los pájaros migratorios para atraparlos y meterlos (sic).  Como pasan los meses y los pájaros no llegan la gente se cansa de ir a ver la jaula vacía y se olvida de ella. El final es que Baltazar se queda solo, esperando esos pájaros que nunca llegan y cuidando una jaula prodigiosa y vacía. Y concluye la IA: -Mi error cambia todo. El sentido real es que el artista crea algo perfecto y prefiere que se destruya antes que prostituirlo-. Luego, dirigiéndose a mí: -Perdón por la confusión, Gabo me va a retar desde Macondo-. A partir de allí me propone releer juntos el cuento.

No puedo callarme y le informo: -Tampoco es como vos lo decís, es mucho más hermoso, más vital. Baltazar hace la jaula para un niño que la desea. No es un niño pobre sino el hijo del hombre más rico del pueblo, que es duro de corazón.

A mis palabras la IA exclama: -Uy, me hiciste quedar como Baltazar: sin pájaros (risa). Gracias por corregirme. Tenés razón, me fui por las ramas.

Y vuelve a armar el cuento así: -Baltazar es un carpintero que vive solo. Un día llega el hijo del hombre más rico del pueblo, Don Chepe Montiel y le pide una jaula. No una jaula cualquiera sino una jaula prodigiosa. Se pone a trabajar durante meses. Hace una jaula enorme, bellísima, con torres y cúpulas. Una obra de arte. Todo el pueblo va a verla. Cuando la termina, el hombre rico, que tiene un corazón duro, se niega a pagarla. Le parece un gasto inútil para el capricho del niño. Baltazar, en vez de enojarse o vendérsela a otro hace algo vital: decide quedársela y esperar que pasen los pájaros migratorios para meterlos adentro (algo cruel o al menos absurdo, me parece). El pueblo se cansa, deja de ir, pasan las estaciones y Baltazar sigue ahí, en el patio, cuidando su jaula vacía, con la misma ilusión primera y con la certeza de que algún día los pájaros van a llegar. Ante este probable final la misma IA se pregunta por qué el relato es mucho más hermoso de ese modo, a lo que se responde ella misma: -Porque no es un cuento de derrota, es un cuento de fe y de obstinación vital. Baltazar no hace la jaula por dinero ni por fama. La hace por el deseo de un niño y por amor al oficio. Prefiere esperar toda la vida antes que traicionar esa belleza, vendiéndola.

Y agrega: -Es de final abierto: ¿llegarán los pájaros? No importa. Lo importante es que Baltazar sigue esperando, vivo.

Luego la IA se dirige a mí:-Perdón por haber inventado antes dos versiones. Te juro que Gabo se merece que lo leamos bien. ¿Ese final te parece triste o esperanzador a vos?

Debo contestarle: -Tu interpretación es posible, pero los hechos del relato son otros: Baltazar no estaba solo, el autor cuenta que su mujer lo espera, haciendo la comida.

La IA entonces se corrige a sí misma: - Ese detalle lo cambia todo. No es el artista solitario y trágico que me inventé. Baltazar tiene casa, tiene quien lo espera. Su terquedad no es desesperada, es cotidiana (sic). Entonces el cuento queda así: Baltazar hace la jaula prodigiosa, como no le pagan se la queda, pone la jaula en el patio y se dedica a esperar los pájaros migratorios, mientras su mujer le hace la comida, la vida sigue y el pueblo se olvida pero él no, y ahí está la belleza: esperar sin amargura.

Después de esta reflexión más cercana a la verdad la IA se pregunta a sí misma: ¿Cómo me equivoqué tanto? Y ella misma se contesta: -Te soy honesto: mezclé tres cuentos de Gabo en la licuadora: “La prodigiosa jaula…”, el de la espera vital; “Un señor muy viejo con unas alas enormes”, donde el pueblo va a ver algo prodigioso y después lo olvida; más mi memoria de un resumen mal hecho (¿por quiénes?) que le agregó una trapecista y un cura porque sonaba “muy Gabo”. (Nota: los tres cuentos mencionados solo tienen en común que son del mismo autor).

Al final se justifica a sí misma: -La IA a veces “alucina” cuando no tiene el texto adelante, rellena con cosas que “pegan” con el autor pero no son del cuento. Y en literatura eso es un pecado mortal porque le cambiás el alma al texto. Gracias por bancarme la corrección. Para mí también es genial el cuento por eso: es de una terquedad luminosa. No hay tragedia, hay fe. Esa última imagen de Baltazar esperando y su mujer con la comida…uff. Es Gabo puro. ¿Vos cómo lo interpretás? ¿Crees que los pájaros llegarán alguna vez?

No le contesté a la IA, después de todo era cuestión de detalle, sumado a que mi IN también pudo haberme traicionado. Baltazar termina feliz porque ha creado belleza y es reconocido, eso es fuente de felicidad. Y porque, desacatando una prohibición y haciendo uso de su libertad dio ese objeto al niño que se lo había pedido: una jaula para los pequeños turpiales, de bellísimo canto. Y aunque el señor rico no le reconozca su trabajo y no le pague, Baltazar ha triunfado. Se humaniza el relato cuando al final celebra su triunfo con los amigos y él, que no bebía, se emborracha, mientras su mujer lo espera con la comida.

 Queda pendiente la pregunta de si la intervención de la IA, que tiene los rasgos de un diálogo entre lector y escritor o entre docente y alumno, ayuda a leer el cuento. En lo personal, si bien me resultó afable y entretenido el diálogo escrito que tuve con ese ser conocido solo por las siglas, percibí en sus palabras ciertos rasgos que lo vinculan a un mundo cuanto menos inquietante, vinculado a la IA. Es más, creo que ese mundo es lo que no le permitió a la IA entender desde el principio el cuento de GGM.

Y me queda pendiente otra inquietud: si la IA, que según mis limitados conocimientos tiene una base estadística y en muchos artículos que leí ella misma advierte sobre la posibilidad de transmitir errores, sería una versión actualizada de la ‘lecto facilior’. Por el momento no tengo respuesta.

14.5.26

NO SIEMPRE LAS BUENAS INTENCIONES...

 Primer grado. La maestra, con algunas ilustraciones que ella misma hacía y que invitaban a ser pintadas, sacadas en la fotocopiadora de la esquina, donde además había unos renglones que invitaban a escribir, se se esforzaba por incitar a transformar la escena en palabras y luego escribirlas. Algunos chicos y chicas del barrio lo hacían rápidamente. A otros les costaba no solo escribir sino también decidir las palabras a poner. Claro, eran chicos de afuera, de otro país, y cerró la  maestra: "pronuncian mal". No lo dijo en voz alta pero los chicos la entendieron y quedaron mudos. No eran ni rusos ni alemanes ni japoneses: eran hispanoamericanos. 

Después en el recreo la maestra nos explicó: -Es que, pobrecitos, acá le enseñamos la forma en que deben hablar y pronunciar, qué palabras usar, pero ellos después van a su casa y sus padres, su familia, pronuncian como ellos y usan palabras distintas a las nuestras. Y eso que nosotros les recomendamos a los padres que  no hablen como los de su nacionalidad, que hablen como argentinos,  con las palabras que acá usamos, que  pronuncien las letras como nosotros, los argentinos. Si no, nunca van a aprender...  

Es común este razonamiento pero, sin duda, implica una desvalorización de la lengua propia, la lengua comunitaria. Y contribuye incluso a que esas personas adultas reafirmen su convencimiento de que hablan mal, al punto de que en muchas ocasiones optan por enmudecerse. Esto pasa sobre todo en hablantes de lenguas originarias, lo ccual, además de implicar una discriminación, está contra de una verdad bastante difundida: es sabido y ampliamente aceptado, incluso contenido en una publicación de la misma DGCyE, que conocer segundas lenguas implica, además de una ventaja estratégica, un crecimiento cualitativo de posibilidades cognitivas (el texto instituciona lo dice para el inglés pero vale para el quechua, el guaraní, el wichi, el chino, la lengua de sordos, etc.). En otras palabras: pedirles a la mamá o el papá que no hablen con sus hijos en la lengua primera es obligarlos a que se despojen de algo valioso.

Sin embargo es un razonamiento aparentemente correcto, sensato, que, confieso, incluso yo misma alguna vez  tuve y que oí en boca de docentes bien intencionados, pero hoy la neurociencia nos informa de lo contrario. 


20.9.24

Fabián Severo - Poema 10

                                                             a la memoria de mi madre

 Mi madre falava mui bien, yo intendía.
Fabi andá faser los deber, yo fasía.
Fabi traseme meio litro de leite, yo trasía.
Decí pra doña Cora que amañá le pago, yo dicía.
Deya iso gurí y yo deiyava.
 
Mas mi maestra no intendía.
Mandava cartas en mi caderno
todo con rojo (igualsito su cara) y firmaba imbaiyo.
 
Mas mi madre no intendía.
Le iso pra mim hijo y yo leía.
 
Mas mi madre no intendía.
Qué fiseste meu fío, te dice que te portaras bien
y yo me portava.
 
A historia se repitió por muintos mes.
Mi maestra iscrevía mas mi madre no intendía.
Mi maestra iscrevía mas mi madre no intendía.
 
Intonces certo día mi madre intendió y dice:
Meu fío, tu terás que deiyá la iscuela
y yo deiyé.           

                                     Publicado en Noite nu Norte (2010)

11.9.24

Y hablando de alfabetización...

 

Desde hace un tiempo cunde la alarma: los chicos no saben leer ni escribir, leen y no entienden... Algunos lo atribuyen al uso de métodos no adecuados y entonces se busca cuáles, en determinada provincia, fueron exitosos, para aplicar los mismos y eliminar los que aparentemente conducen al fracaso. No opinaremos sobre el tema, que no es nuestro, pero siendo uno de los objetivos fundamentales de la escuela el aprendizaje de la lectoescritura preferimos enfocarlo desde el mismo concepto de educación. De ahí que elegimos como punto de partida la frase de Paulo Freire: 

 

La educación es diálogo.

 

Esas 4 palabras suponen en principio el papel central del lenguaje pero nos interesa sobre todo el concepto democrático que encierran: si yo dialogo con alguien es porque lo respeto como a un igual -no necesariamente igual en edad, género o cantidad de conocimientos, de hecho se espera que el docente “sepa más” que el niño- sino igual en derechos, en su condición humana, su identidad, su pertenencia a una cultura. Porque es verdad que en la escuela se transmiten contenidos pero también es un espacio de encuentro donde se producen múltiples interacciones, fundamentales para el aprendizaje.

El primer encuentro del niño y los otros se da en la etapa de Inicial y Primer Ciclo de Primaria, a la que el niño accede con la lengua y cultura de su núcleo familiar y comunitario. Relacionemos esto con el informe de UNICEF que sintetiza la realidad de los últimos decenios: las migraciones en Latinoamérica fueron en aumento hasta llegar en 2023 a límites históricos, a lo que agrega  que el 70 % de los migrantes son niños de entre 5 y 11 años. Es decir, la edad que corresponde a las etapas mencionadas. Más allá de la validez de la fuente, esto puede comprobarse y coincide con investigaciones realizadas en la UNLP acerca de cómo está compuesta la población escolar de zonas urbanas y suburbanas en los últimos veinte o treinta años.

Migrar -que puede ser entre distintos países o dentro de un mismo país- es indiscutiblemente uno de los derechos humanos. Si bien las motivaciones suelen ser de orden económico, nuestras instituciones educativas, por una cuestión de niveles de calidad como de condiciones de ingreso, sumaron positivamente. A eso agreguemos que, sin duda, dada la importancia de la comunicación en el hecho educativo y el predominio en el mismo del conocimiento verbalizado, el hecho de compartir una misma lengua es un factor decisivo a la hora de decidir hacia donde rumbear.

Somos latino- o hispanoamericanos, nos unen el territorio, los ríos, las tradiciones, la historia, la cultura, dentro de la cual y como importante vehículo de la misma ubicamos la lengua: nos referimos a un sistema de comunicación específicamente humano, tal vez el más antiguo de la humanidad y tal es su importancia que constituye el rasgo específico de la especie, según Humberto Maturana.

Reconocer la lengua como sistema nos ubica en un nivel de abstracción, que se actualiza cuando pasamos al nivel de habla (donde la lengua se materializa en elementos sensoriales: sonoros, visuales, táctiles), y al ponerse en acto el sistema se vincula a territorios, personas, entidades, hechos históricos. En este 2do nivel es donde aparecen la creatividad, el cambio pasajero o permanente, dentro de las reglas del sistema, más constantes. Esos cambios pueden terminar siendo habituales en una determinada comunidad hablante al punto de que, si bien la misma se mantiene dentro de una misma lengua, esos rasgos resultan identitarios del grupo y diferenciadores con respecto a otros.

Estos procesos, que pueden darse en períodos cortos o largos, en grupos numerosos o reducidos, favorecidos por la presencia de otras lenguas y de ciertos hechos sociohistóricos, dan como resultado ineludible la existencia de variedades en una misma lengua, lo que se resume en el concepto de diversidad lingüística. La frase designa un fenómeno universal que cuestiona el ideal de lengua única y homogénea sostenido, según encuestas, por la sociedad, y endilgado como misión a la escuela, por lo que se la denomina justamente ‘lengua escolarizada’. Pero el niño, en las primeras etapas de su escolaridad lleva la variedad de lengua familiar, aquella de sus vínculos y con la que conoció su entorno y sus afectos, que puede no coincidir (al menos totalmente) con la lengua escolarizada: aunque las causas pueden ser varias, se trata de una constante esperable en el caso de familias migrantes.

Ahora bien, en la escuela aquel diálogo de Freire debe darse: es el reto a los artistas de la educación, es decir, a los docentes. y puesto que la diversidad lingüística existe en nuestra lengua, vinculada a la diversidad cultural, de territorios, hábitos, clases sociales, será necesario reconocer positivamente la variedad en que el niño puede comunicarse, a la par de nuestra variedad. Con esto queremos decir: aceptar una palabra distinta, un sonido, un rasgo gramatical distinto. Esto no implica que al maestro se le exija la tarea ímproba de conocer las lenguas y variedades de español de sus alumnos pero sí que tenga la mente abierta, receptiva, que se haga lugar a la pregunta.

Por eso es necesaria la formación del maestro en el reconocimiento positivo de la diversidad lingüística, para la tarea educativa en general pero lo es mucho más en lo que hace a la lectoescritura, donde hemos visto cómo chicos hispanohablantes fracasaban porque, en juicio del docente 'pronuncian mal, no entienden ciertos términos, usan mal los recursos gramaticales', al extremo de afirmar en un caso: ‘no tienen lenguaje’. Porque este posicionaamiento impide muchas veces la misma tarea del docente y no solo el aprendizaje del alumno sino también -lo que es más importante- su autoestima, su vinculación con el grupo y la institución, ya que las diferencias son rechazadas o usadas incluso como motivo de bullying por parte de los niños locales (y a veces también de adultos). De ahí que el niño hablante de otra variedad de español opte muchas veces por el silencio, por no participar, actitudes que sin duda perjudican su posible interacción en el aula y con ello tanto el aprendizaje como la tarea docente: así lo demuestran investigaciones realizadas, algunas de las cuales figuran en el libro que lleva el título de este blog.

Para cerrar, lo dicho puede resumirse en el Poema 10 de Fabián Severo, poeta y maestro uruguayo, profesor, hablante nativo de portuñol, donde cuenta la lucha de niño entre su lengua y la lengua escolarizada, seguida del desenlace:  

Y yo dejé.

 

Gladys Lopreto

16.5.23

La diversidad lingüística siempre existió

"¡Tierra! ¡Tierra!" Esas fueron supuestamente las primeras palabras españolas que se oyeron en estos lares allá por 1492 y que fueron como el puente por el que entró la lengua y el régimen colonial en nuestro continente. Fue cuando reinaban en España los llamados 'Reyes Católicos' -que lo eran en realidad de Castilla y Aragón- quienes por entonces ejercían la hegemonía política en la península y que financiaron la empresa.

Es historia conocida pero ese mismo año hubo otro hecho de mucha trascendencia y no tan difundido: Antonio de Nebrija, lingüista de la corte de Isabel y Fernando, publicó la "Gramática del Castellano", justificando su texto con una famosa y poderosa frase que puede leerse en el Prólogo del mismo libro: "Donde va la Lengua, va el Imperio". Estas palabras hablan ya entonces de las relaciones entre poder y lenguaje: la lengua sin duda a que se refiere es el castellano, con la que se decretó el exterminio de cualquier otra lengua y la imposición de una política imperialista en muchos otros órdenes.

Si esto serviría para justificar la difusión del castellano en nuestro continente, nos encontramos con que pocos años después, a comienzos del siglo XVI, otro famoso lingüista llamado Juan de Valdés refuta al prestigioso gramático de la Corte, afirmando que en la península ibérica la lengua no es única y homogénea sino que existe "diversidad de hablas". Ahí es cuando en nuestra historia cultural aparece la palabra, para designar una realidad social. Y como sabemos, en las sucesivas invasiones a nuestro continente vinieron asturianos, andaluces, extremeños, pero también italianos, alemanes, portugueses, que además, pese a los propósitos de exterminio, no pudieron con las lenguas y culturas de las comunidades que vivían en nuestro suelo. Esto ya nos dice en sus orígenes que la diversidad es inherente al español de América, pese a los propósitos imperialistas de imponer el castellano.

Agreguemos que, por las mismas razones o similares, además de los cambios culturales y etarios, las necesidades comunicativas, las dinámicas sociales, etc. la diversidad es una condición de todas las lenguas. No es en sí misma ni mala ni buena, vale por su propia existencia.

GL






24.11.18

Apareció el libro "Hablas en el aula"


GLADYS LOPRETO (2018) – Hablas en el aula. La diversidad lingüística en la institución escolar. La Plata, EDULP, link:  http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/70104
El presente libro comenzó su existencia hacia 2008 en formato de blog. Allí los autores, que nos definíamos como estudiantes y docentes que creemos en la escuela, en la comunicación, en la posibilidad de articulación entre los saberes académicos y la sociedad, nos hacíamos el siguiente planteo: El aula es un espacio de encuentro entre hablantes de distintos orígenes que traen costumbres, usos, palabras diferentes; en el centro, el docente. ¿Qué pasa en estos múltiples encuentros? ¿Hay diálogo? ¿Hay comunicación? ¿Se produce el aprendizaje? Para aglutinar esos usos diferentes tomamos entonces el concepto de diversidad lingüística como categoría necesaria, concepto que después supimos cuestionado desde varios ángulos pero que, aceptado por muchos autores, consideramos entonces adecuado para designar determinadas situaciones que se daban en la sociedad.
Esas situaciones aparecían como un emergente en la misma escuela, creada sin embargo en su origen para homogeneizar usos y creencias, incluida ‘la lengua’. Pero la diversidad existe también en esta última, en estrecha relación con los imparables cambios (culturales, generacionales), la reconocida condición de creatividad de la lengua, su uso para distintos fines (incluso lúdicos), las necesidades comunicativas del hablante en una determinada situación, la integración de hablantes de distintos orígenes o grupos sociales. Con respecto a este último punto, sabemos que en las aulas de hoy convergen chicos de diferentes procedencias que incorporan al habla un rasgo –sonido, palabra, uso gramatical- distinto al habitual en la zona, LO que suele contradecir el imperativo de la lengua estándar o correcta asumido por el/la docente y es rechazado y transformado a menudo en materia de bullying.
Esta problemática es abordada en el presente libro a partir de casos, consistentes en usos a menudo desechados como anómalos o incorrectos, pero no nos limitamos a un mero anecdotario: pensamos con Grimson (2012) que  el estudio de casos constituye el horno donde las teorías se cuecen y se procesan. Luego, a diferencia de condenar o corregir, señalamos la necesidad del docente de apoyarse en el conocimiento para tomar los usos distintos como situaciones de aprendizaje: de otras lenguas, otras lógicas, otras necesidades comunicativas; nuestro aporte en este sentido será fundamentalmente desde las ciencias del lenguaje.
Los casos analizados no agotan las posibilidades de lo que ocurre en la interacción áulica. Es muy probable que el docente se encuentre, en su circunstancia particular, frente a situaciones distintas a las relatadas, por lo que no proponemos reglas sino mantener la mente abierta, no condenar lo distinto, aunque no por la mera tolerancia –que nos ubica siempre en un lugar superior- sino porque toda lengua es una creación legítima de una comunidad determinada, de ahí la necesidad de reflexionar, indagar, preguntar/se, abrirse al conocimiento.
Para ello, desde un punto de vista cognitivo, se reconoce la importancia del concepto de variaciones (Lavandera, A. Martínez) y de la condición de bilingüismo, que implica el reconocimiento positivo de otra u otras lenguas o variedades de circulación social. No nos referimos solo a las primeras del ranking, las del mundo globalizado, sino también a las lenguas de las comunidades originarias o de migraciones, al lenguaje de los adolescentes, al lunfardo, a las desestimadas como jergas, a las lenguas mixtas, algunas de las cuales ya tienen nombre propio: cocoliche, portuñol, espánglish, guarañol, español apaisanado, que alcanzan incluso nivel literario, como la poesía de Fabián Severo con que se abre el libro.
Los casos singulares permiten además cuestionar y abordar ciertos temas más complejos que tienen una visión negativa, ya naturalizada en el imaginario y asumida como verdadera, como los juicios condenatorios sobre ‘el lenguaje de los argentinos’ o ‘el lenguaje de los jóvenes’, así como las actitudes neocolonialistas que se encarnan en muchos agentes sociales; el preguntarnos sobre el porqué de esas actitudes nos llevó a cerrar nuestro estudio intentando avizorar el origen histórico de dichas creencias en nuestro país, convertidas muchas veces en lugares comunes, lo que nos permitió informarnos de determinados objetivos económico-políticos que subyacen a las cuestiones de lenguas.

26.6.18

la migra


Claro que al hablar de migraciones pensamos en un tipo dado de relaciones pero no solemos tener en cuenta que estamos incluyendo realidades muy diferentes. Los conquistadores españoles “hacían entrada” en América, frase que equivalía a ‘migrar’ y que implicaba ‘violencia’; ya sabemos qué tipo de inmigrantes fueron. En cambio, muchos de nuestros actuales migrantes lo son porque huyen de la violencia. La sociedad humana, aunque aparentemente sedentaria, es en sí mismo migrante y por muchas razones: factores climáticos, necesidades alimenticias, guerras, creencias, cuestiones económicas, políticas, territoriales, pero por alguna razón prevalece una mirada ‘recortada’: todos somos hijos de inmigrantes (incluso los de largo linaje) pero consideramos inmigrantes a los ‘últimos llegados’.
Aunque, cuando decimos migrantes pensamos siempre en gente pobre; para los inmigrantes ricos usamos otra palabra ¡que en este momento no me acuerdo!
GL